Hola, amigos, hoy les voy a contar varias historias divertidas de mi más tierna infancia. Juro que ninguna es apócrifa. Todas tienen un punto en común: la escatología.
Desde muy niña supe ser fan de la escatología y ya andaba con mi cacharrito plateado abollado esparciendo teresos propios que sacaba del inodoro por el pasillo de casa para disgusto de la niñera que se resbalaba entre medio de puteadas.
Una vez, como soy tan generosa, con mis primas y hermana compañeras de aventuras, le hicimos un chiste a la vecina, a la sazón, parienta lejana nuestra de City Bell, y le envolvimos una caja de cereales, Zucaritas, llena de teresos dentro un vasito plástico naranja recién saliditos del horno. Nos escondimos para ver su reacción y nos pillábamos de risa al ver la cara de asco y de sorpresa de la pobre Norma.
Pero la gota que rebasó el vaso y que detuvo mi producción de teresos hechos para la ocasión fue la vez en que con mis hermanos mellizos queríamos que se rajara la mucama de turno que era una jodida de mierda. Entonces, no se me ocurrió mejor idea que acudir a mis teresitos. Los puse cuidadosamente dentro de los bolsillos de su uniforme rosa que colgaba del tendete y en la cortina de paja. No va que llega la pinche cabrona y siente un calorcito pegajoso en sus bolsillos, mira asqueada el contenido, sube la cortina de paja y le salta un último tereso en flor. Ese fue nuestra venganza. La muy turra hizo sus valijas y se tomó el palo y jamás volvimos a verla.
La extraña dama
lunes, 6 de marzo de 2017
viernes, 3 de marzo de 2017
Hoy almorcé con unas amigas muy queridas y todas coincidieron en lo divertida que soy y me entusiasmaron con hacer stand up o contar mis divertidas peripecias en este blog que, después de todo, es de humor.
Ahí va una de ellas que les conté hoy:
Una vez, con un ex novio, yendo en el tren Sarmiento a visitar a sus padres en Padua, había tal cantidad de gente fea y olorosa que me desmayé. Lo primero que vi al abrir los ojos fueron caras preocupadas por mí y, es claro, la de mi novio. Nos bajamos del tren y le dije que había transpirado tanto que mojé el jean. Pero él me dijo: "No, Lu, te measte". Casi muero de la vergüenza porque iba a conocer a sus padres en esas fachas.
Al llegar a la casa, M. le explicó la situación a la madre que no tuvo mejor idea que exhibir, cual bandera meada, mi pantalón en las escaleras y prestarme una horrible joggineta de la hermana menor que, mientras comíamos, al igual que los tres gatos, me miraba desafiante por llevar puesta una de sus pertenencias.
Ahí va una de ellas que les conté hoy:
Una vez, con un ex novio, yendo en el tren Sarmiento a visitar a sus padres en Padua, había tal cantidad de gente fea y olorosa que me desmayé. Lo primero que vi al abrir los ojos fueron caras preocupadas por mí y, es claro, la de mi novio. Nos bajamos del tren y le dije que había transpirado tanto que mojé el jean. Pero él me dijo: "No, Lu, te measte". Casi muero de la vergüenza porque iba a conocer a sus padres en esas fachas.
Al llegar a la casa, M. le explicó la situación a la madre que no tuvo mejor idea que exhibir, cual bandera meada, mi pantalón en las escaleras y prestarme una horrible joggineta de la hermana menor que, mientras comíamos, al igual que los tres gatos, me miraba desafiante por llevar puesta una de sus pertenencias.
jueves, 2 de marzo de 2017
Proverbio mexicano:
"Dicen que me han de quitar
Las veredas por donde ando.
Las veredas quitarán,
Pero la querencia ¡cuándo!"
"Lo que excusa a Dios es que no existe". Stendhal
Diálogo de Borges con un taxista (según Bianco):
Borges: No puedo leer. Soy ciego.
Taxista: ¿No puede leer nada?
Borges: No. nada.
Taxista: ¿Ni siquiera los diarios?
Letrero en un terreno baldío de Avellaneda:
Se recibe escombro.
Letrero de un pintor:
Pinto casas a domicilio.
Requiebro porteño del año 1968:
Va una mujer con su hija. Un hombre le propone.
-Se la cambio por mi papá.
"La vida no es para una sola vez". Macedonio Fernández
"Dicen que me han de quitar
Las veredas por donde ando.
Las veredas quitarán,
Pero la querencia ¡cuándo!"
"Lo que excusa a Dios es que no existe". Stendhal
Diálogo de Borges con un taxista (según Bianco):
Borges: No puedo leer. Soy ciego.
Taxista: ¿No puede leer nada?
Borges: No. nada.
Taxista: ¿Ni siquiera los diarios?
Letrero en un terreno baldío de Avellaneda:
Se recibe escombro.
Letrero de un pintor:
Pinto casas a domicilio.
Requiebro porteño del año 1968:
Va una mujer con su hija. Un hombre le propone.
-Se la cambio por mi papá.
"La vida no es para una sola vez". Macedonio Fernández
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